Es demasiada ambición pensar que este blogg llegue a despertar la admiración que el gran checo genera con sus letras, pero me gustaría pensar que por lo menos me permitirá salir de mi interminable verborrea interna y colaborará en el proceso de construcción continua de esta persona que estoy reconociendo como "yo misma".
Será grato saber que alguien pudiera toparse con mis ideas y de paso compartiera las suyas, de tal suerte que éstas reboten y sinapsen (nueva palabra) generando otras tantas.
Las pesadillas.
Son horrorosos trozos de una película, algunas veces recurrente, que no se llegan a materializar pero cómo importunan cuando uno trata de estar en morféicos brazos. Angustiosos momentos de caídas, persecusiones y tragedias se suceden en incomprensible orden, sin aparente motivo (bueno, algunas veces un pozole bien servido y 3 quesadillas pueden ser un motivo más que aparente); pero a lo que me refiero es que parecieran no tener más objetivo que el de hacernos pasar un mal rato, puesto que pocas veces podemos cambiar lo que en ellas sucede o, por lo menos, despertar para saber que lo que nos atemorizaba no era verdad (o por lo menos no aún).
Se dice que de una pesadilla despertamos cuando tomamos conciencia de lo irracional de las situaciones que en ellas ocurren y les podemos dar una adecuada dimensión (como cuando descubrimos que las películas de horror son maquillaje, música y fx).
En estos días me he tomado con otras tantas pesadillas rondando en el espacio de los medios de comunicación, aterrorizando a distra y siniestra: visiones apocalípticas de un mundo que se consumirá por una profesía, demonios en forma de presidentes, líderes religiosos que se comen a los niños o a los pobres, persecusiones constantes contra los que no piensan como yo (zombies que quieren comerse el cerebro de las pobres mentes incautas). Una densa pesadilla ronda y después de estar en contacto con los noticieros, o con las redes sociales, tanta desesperanza me hace sentir como Silvio porque "han hechado basura en mi verde jardín".
Y no es que quiera permanecer en el sueño de la dulce Aurora, esperando a que un buen día el príncipe me despierte cuando este mundo esté en orden y gozando de armonía, sino que creo que este ambiente de pesadilla contamina las condiciones para establecer un diálogo honesto y de respeto; si tengo miedo no voy a querer salir debajo de las cobijas y voy a ver sólo lo que alcance entre los dedos porque me tapo la cara con las manos. Si me siento perseguido no voy a querer detenerme y permitir que otro se sume a mi caminar.
Por eso voy a limpiar mis oidos y ojos de telarañas y pesadillas. Y voy a dejar que me despierte el amor; el verdadero, el que libera, el que me permite abrazar al otro en medio de su dolor, aunque no piense o se vea como yo, el que me permite salir de mi egoismo y me ayude a entender que sólo estamos aquí un rato.
Conociendo el amor podré decir como Pessoa: Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte.
Feliz puente!
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