martes, 19 de marzo de 2013

Felicidad

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis


El año pasado la ONU declaró el 20 de marzo como el Día de la Felicidad, a fin de que año con año recordemos que la felicidad es un objetivo humano fundamental.

Y es la felicidad realmente algo que todos buscamos, nada más que lo que entendemos por "ser feliz" o lo que necesito para serlo, puede es muy diverso. Y dado que es un tema muy tratado, no creo aportar nada extraordinario a lo que ya se ha dicho, pero les comparto tres ideas en torno al tema, esperando que podamos juntos reflexionar al respecto:

Idea uno- Las creencias de la felicidad.
Como seres humanos vamos entendiendo la realidad a través de lo que nos comunican los demás; en la infancia pueden ser nuestros padres o personas allegadas, luego incorporamos los conceptos que conocemos por nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, para luego ir incorporando ideas más globales que nos llegan a través de diferentes medios de comunicación.

En muchos de los casos, la idea de "ser feliz" ha sido ligada a "tener felicidad" como si la pudiéramos cuantificar y decir tengo mucha o poca felicidad, obviamente al querer cuantificar el concepto tenemos que ponerle unidades de medida, las cuales pueden ser: la cantidad de hijos que tengas; los pesos, dólares o euros que estén en tu cuenta, el número de paises visitados, cuántos amigos tengas en el face, los libros que has comprado, las millas de viajero acumuladas, los diplomas obtenidos, hasta tener una lista personalisada de las cosas (materiales o inmateriales) que debes acumular para alcanzar un estatus de "persona feliz".

Y estas ideas son continuamente alimentadas en nuestro entorno (para muestra pongan un ratito de televisión), e independientemente de nuestros círculos sociales o estatus económicos, siempre encontraremos algo que comprar que nos haga sentir mejores, o algo que adquiriremos para hacernos "especiales" (claro, con una edición limitada de sólo 8 millones de prendas, sólo seremos 8 millones de personas originales).

Pero las voces menos escuchadas, las que no se repiten con frecuencia, son las de un pequeño grupo de desadaptados que bendicen a los pobres, que hablan del desapego y que afirman que al dejarlo todo en realidad ganas lo más importante. Claro que nos han dicho que esos son hombres fuera de este planeta, que hacen propuestas sólo aptas para ascetas; pero claro! la pobreza no vende, el desprendimiento no genera dividendos, y es mejor no hablar de renuncias.

Lo curioso del caso es que en realidad nada es nuestro: ni las cosas ni las personas te pertenecen, hoy pueden estar contigo y mañana no, así que en realidad, aunque malgastemos una vida tratando de amarrar lo que "nos pertenece", NADA ES DE TU PROPIEDAD, y por tanto, la felicidad tampoco.

Idea dos- La gratuidad de la felicidad.
Si la felicidad no puede ser mía ¿cómo voy a ser feliz?. Tan fácil como decidir aceptar que la felicidad, como todo lo que te rodea, es un regalo, un don, una oportunidad. Cuando pasamos el nivel de preocuparnos por tener cosas (y sobre todo, de tener más cosas que el de al lado), no nos queda más que recibir, porque  todo lo que tienes hoy es un regalo. Y podemos decir: "me robaron mi celular ¿eso es un regalo?. Claro! porque te ayuda a darte cuenta de que tú aún puedes comunicarte, porque te puede servir para darte cuenta de cuánta gente te quiere y empatiza con lo que te pasa, porque tendrás la oportunidad de estrenar, etc. etc. etc.  La cantidad de oportunidades de seguir recibiendo es infinita, me atrevería a decir que el límite es tu capacidad de agradecer.

Ser agradecidos es algo que tampoco se enseña a menudo: no somos agradecidos con quienes nos sirven en un restaurant, porque ese es su trabajo. No agradezco a mi jefe, porque él debe de estar agradecido porque me tiene como equipo. No agradezco a mi país, porque nada me ha dado más que miedo. No agradezco a Dios (o a un ser supremo) porque no hay nadie más grande que mi inteligencia (claro, como soy tan astuto como para decubrir la gravedad o la relatividad puedo jactarme de esto). No agradezco a mis padres, a mis vecinos, al gobierno (menos! nunca hacen nada bien!). Y vamos permeando esta cultura del no agradecimiento hasta el punto de que podemos llegar a sentirnos vacíos porque nos deben demasiado.

Idea tres - No soy feliz solo
He conocido pocas personas que viven el día a día con ese sentido de desapego y gratitud, pero en todas ellas se manifiesta un profundo sentido de hermandad con el mundo. Y es muy lógico porque quien se siente libre de ataduras, agradecido por lo que ha vivido y con lo que le toca vivir, esté en la posibilidad de compartir y simplemente da: entre amor, conocimiento, experiencias y también comparte su riqueza económica sin preocuparse por quedarse sin nada.

Me pareció maravilloso ver en las noticias a una persona que vive en la calle, que se siente agradecida porque "bendito sea Dios, tengo una estufita para poderme cocinar" y no conforme con esto, también ha adoptado a muchos perros que como él, fueron olvidados. No se autocompadecía, ni culpaba al mundo de su condición: agradecía porque tenía más que otros y compartía eso que tenía con otros que lo necesitaban.

Concluyo: Ser feliz no es fácil. Es para desadaptados a los que no les preocupa seguir la tendencia consumista de la sociedad. Es para valientes que se disciplinan lo suficiente para aventurarse en el riesgo de "no tener nada" a los ojos de los demás. Es para personas que abren su corazón para recibir bendiciones y que lo dejan abierto para compartirlas y que se multipliquen.

Les comparto dos cosas para finalizar: la invitación de las actividades que mañana se realizarán en la UNIVA para reflexionar y celebrar como comunidad a la felicidad.

Y un pequeño video que nos recuerda, como dice el evangelio, por qué son los niños los que ya están viviendo el Reino de los Cielos.

 

viernes, 15 de marzo de 2013

Día uno. Sin pesadillas

Que me perdone Milán Kundera por el robo y deconstrucción del título de una de sus maravillosas obras, del cual me serví  para nombrar la mía (no tan maravillosa, pero eso sí mía).

Es demasiada ambición pensar que este blogg llegue a despertar la admiración que el gran checo genera con sus letras, pero me gustaría pensar que por lo menos me permitirá salir de mi interminable verborrea interna y colaborará en el proceso de construcción continua de esta persona que estoy reconociendo como "yo misma".

Será grato saber que alguien pudiera toparse con mis ideas y de paso compartiera las suyas, de tal suerte que éstas reboten y sinapsen (nueva palabra) generando otras tantas.

Las pesadillas.
Son horrorosos trozos de una película, algunas veces recurrente, que no se llegan a materializar pero cómo importunan cuando uno trata de estar en morféicos brazos. Angustiosos momentos de caídas, persecusiones y tragedias se suceden en incomprensible orden, sin aparente motivo (bueno, algunas veces un pozole bien servido y 3 quesadillas pueden ser un motivo más que aparente); pero a lo que me refiero es que parecieran no tener más objetivo que el de hacernos pasar un mal rato, puesto que pocas veces podemos cambiar lo que en ellas sucede o, por lo menos, despertar para saber que lo que nos atemorizaba no era verdad (o por lo menos no aún).

Se dice que de una pesadilla despertamos cuando tomamos conciencia de lo irracional de las situaciones que en ellas ocurren y les podemos dar una adecuada dimensión (como cuando descubrimos que las películas de horror son maquillaje, música y fx).

En estos días me he tomado con otras tantas pesadillas rondando en el espacio de los medios de comunicación, aterrorizando a distra y siniestra: visiones apocalípticas de un mundo que se consumirá por una profesía, demonios en forma de presidentes, líderes religiosos que se comen a los niños o a los pobres, persecusiones constantes contra los que no piensan como yo (zombies que quieren comerse el cerebro de las pobres mentes incautas). Una densa pesadilla ronda y después de estar en contacto con los noticieros, o con las redes sociales, tanta desesperanza me hace sentir como Silvio porque "han hechado basura en mi verde jardín".

Y no es que quiera permanecer en el sueño de la dulce Aurora, esperando a que un buen día el príncipe me despierte cuando este mundo esté en orden y gozando de armonía, sino que creo que este ambiente de pesadilla contamina las condiciones para establecer un diálogo honesto y de respeto; si tengo miedo no voy a querer salir debajo de las cobijas y voy a ver sólo lo que alcance entre los dedos porque me tapo la cara con las manos. Si me siento perseguido no voy a querer detenerme y permitir que otro se sume a mi caminar.

Por eso voy a limpiar mis oidos y ojos de telarañas y pesadillas. Y voy a dejar que me despierte el amor;  el verdadero, el que libera, el que me permite abrazar al otro en medio de su dolor, aunque no piense o se vea como yo, el que me permite salir de mi egoismo y me ayude a entender que sólo estamos aquí un rato.

Conociendo el amor podré decir como Pessoa: Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte.

Buenas noches.
Feliz puente!